
Rosa,
esplendida visión de lo que construyo,
espigada en tu color carmesí,
conquistada en lo intimo,
pleyades de ideas consumen mi cabeza
al solo verte, consentir lo inicuo de mi existencia en tus pétalos.
Respiraciones que atraviesan,
como si de reanimarse se tratase,
sentir el aroma que cala en lo profundo,
yace en el aire,
Ironías vagas de un viento que arrastra el tiempo.
Tentado por la sutileza del espacio que bordeas,
allí tenue a la vista, ensimismada en lo que no concibes,
que te veo, te veo y me hago suministro de tus devociones.
Nunca lo será, nunca lo fue,
esa raíz de mandrágora que recorre tus alrededores,
benigno me considero, quiero ser luz de sol que te anima y nutre,
soy anima, si... Viviente de los espectros de sombra que caen y se sirven entre tus pétalos.
Ojos expectantes del menor movimiento,
eres inerte en tu hermosura, pero en mi fortaleza, siento que te mueves,
a tus movimientos, como si danzaras en la evocación de ilusiones;
hijo de tus favores, del calor que brota en tu tallo...
Hierves el agua de mis anhelos,
Pudiente de sensaciones lujuriosas,
¡¡ temerme !!
Átame con fuerza porque pierdo,
átame con las sogas de deseo y lujuria que llevas,
como si de tus lineas no cayera el recreo de mis emociones.
Rosa,
allí en lo profundo de tu curva,
como escapa la sombra y transformas,
sensible y trastocas con tu hoja,
hace cual tu figura cuerpo voluptuoso.
Caballero que me detengo,
observante de palabras que no concuerdan en la similitud de tus colores escarlatas,
como el rojizo eterno de tus hermanas,
Rojo que me esclaviza la mirada...
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